Tierras

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Vale la pena luchar: homenaje a Calixto Miranda

Sábado 05 de junio de 2021

Era un día caluroso y movido en Santa Marta. Estábamos con Calixto en medio de diligencias notariales y reuniones para avanzar en la solicitud de la restitución de Las Franciscas. La decisión aún se veía remota y las posibilidades de que fuera positiva también. En medio de esos trámites, Calixto preguntó con la sinceridad y calma que le caracterizaba: doctor, dígame, ¿cuánto más cree que se va a demorar esto? Le respondí que no lo sabía, que él mejor que nadie conocía las dificultades de la justicia en Colombia y que era difícil saber un cuándo. Frente a eso, Calixto me dijo: “vea, doctor, nosotros estamos ya viejos. Y si ganamos, quizá disfrutemos poco de la tierra. Esto no es solo sobre esa tierra. El otro día, un hijo me decía: papá, ¿y yo qué haré con la vida? En este país no hay opciones para mí: o la guerra, y me muero, o ser campesino y despojado como usted. Acá no hay nada para mí”. Calixto tomó una pausa. Me miró a los ojos y siguió con su relato: “no, doctor, esto no es sobre la tierra no más. Yo quiero que este caso lo ganemos para que mi hijo sepa que vale la pena luchar”.

Calixto, hoy sus hijos, sus amigos, su comunidad, nosotros, homenajeamos su vida y esa lección que nos dejó: que vale la pena luchar. Sí, vale la pena luchar en un país injusto, mal gobernado y que, como usted lo decía, desampara a sus hijos o los arrebata y no da oportunidades a los campesinos. Vale la pena porque en este país, con usted como ejemplo, también brotan la resistencia, la sabiduría, el compañerismo y la amistad. En él, como en su vida, también hay felicidad y tenacidad, también hay bondad y justicia. En él hay personas que como usted, son capaces de liderar por el bien de los otros, por el bienvivir de todos. Vale la pena luchar por su memoria, por su coraje, por su amor. 

Pero Calixto, vale la pena luchar no porque se ganó un proceso, no solo por eso. Como usted nos enseñó, vale la pena luchar independientemente de los resultados, porque hay una fuente de vida que lo justifica: la amistad. La amistad entre vecinos, la amistad entre familiares y compañeros, la amistad entre comunidades, la amistad que hemos forjado todos en el marco de esta lucha. De ella quedan no solo las tristezas y las alegrías de una historia por Las Franciscas, quedan también los recuerdos tristes y felices del compañerismo. Queda su sentido del humor, las anécdotas que todos compartimos con usted. Su sonrisa en cada reunión, su silencio oportuno y su voz sosegada de liderazgo. Quedan los vínculos que se han forjado entre cada una de las personas que han hecho parte de este proceso, de esta lucha. Como usted mismo lo dijo en una entrevista: la vida nos da tristezas, pero a veces de esas tristezas surgen encuentros que terminan en amistades y en vida.

Una amistad y una vida que seguiremos defendiendo, por la que seguiremos luchando gracias a sus enseñanzas. La última vez que hablamos, usted -como siempre prudente- seguía pensando cómo continuar el proceso para fortalecer a la comunidad, generar un proyecto de vida sostenible en Las Franciscas y apoyar a las demás comunidades que se han unido a través de este caso. En su memoria, vale la pena seguir luchando por ese sueño. El sueño que usted tenía de un país en el que las armas no fueran la opción a la que condenan a los pobres. El sueño de un país en el que la tierra fuese un símbolo de comunidad y prosperidad equitativa. El sueño de un país en el que nadie más tuviera que sufrir lo que usted y su comunidad han sufrido. El sueño de saber que los otros, sus amigos, son felices.

Calixto, acá seguiremos luchando por esos sueños. Acá seguiremos unidos en amistad por estas causas que usted representó mejor que nadie. Acá estaremos honrando su vida. Esperamos que podamos hacerlo con la misma inteligencia y humildad con la que usted lo hizo. Esperamos hacerlo con la misma fortaleza y nobleza con la que usted actuaba. Esperamos hacerlo comprendiendo, como usted hacía, la complejidad de la vida; la que comprendió a través de su alma, que sabía reír y llorar tanto por la tristeza como por la alegría. Un alma que comprendía la belleza que persiste aún en los momentos difíciles. Por eso, lucharemos, como usted nos lo enseñó, por un mundo más bello, por un mundo más justo.

Hoy tenemos que afrontar la tristeza de su partida. Debemos hacerlo con sus enseñanzas, las de una persona que comprendió mejor que nadie la función de liderar. Las enseñanzas de un amigo que nos regaló a todos la invaluable experiencia de haber compartido a su lado y de haber aprendido de su sabiduría. Pero esta tristeza se sosiega sabiendo que usted partió en paz y feliz. Por eso, recordamos estas palabras que usted dio cuando retornaron a Las Franciscas:

“Yo como líder de mi comunidad ya recibí lo más bonito y lo más hermoso de todo este proceso y fue haber visto a mi comunidad feliz. Yo creo que todo el sacrificio que se ha hecho, toda esta lucha, quedó recompensada viendo a mis amigos felices. Ver a mis compañeros alegres para mí ha sido el mejor premio que la vida me ha dado. Cuando los veo con ese entusiasmo, con esas ganas de vivir y salir adelante… eso es lo más lindo que a mí me ha pasado en toda mi vida. Yo me siento reparado por ver a mi comunidad así: feliz.”

Don Calixto, acá estaremos: su comunidad, sus amigos, sus familiares y las generaciones venideras comprendiendo su mensaje y apoyándonos en él en momentos de tristeza como hoy. Acá estaremos sabiendo que vale la pena luchar. Sí, vale la pena luchar por ver a todas las personas felices, como usted pudo ver feliz a su comunidad. Vale la pena luchar por la amistad.

Adiós, Calixto. Adiós, querido amigo.

Por: Juan Francisco Soto Hoyos

Comisión Colombiana de Juristas